domingo, 21 de junio de 2009

Tan solo...

por: Ricardo González


Mientras dormía, aquel apenas perceptible destello, daba la bienvenida a aquella mujer esbelta de cabellos rojizos y ojos profundos que entraba en el cuarto. Su aroma avanzaba rápidamente a ras de piso, silencioso, cauteloso. Cuando irremediablemente encontraba la cama de quien dormía, subía, y lentamente penetraba bajo sus cobijas con suave caricia. Sentía cerca su respiración. Podía acaso olvidarse del mundo y desquiciarse en los brazos de su amada? Los labios se juntaron lentamente, pero cuando lo hicieron, estos, ahora se tornaban ásperos, su aliento cálido y embriagante se desvanecía como lentamente también lo hacia el sueño, sintió unas punzadas en su bello rostro, la barba del príncipe arruinaba la escena. La bella durmiente despertó y desconsolada viéndolo fijamente a los ojos, sabía con certeza profunda, que definitivamente él, no era su tipo.

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