Por Ricardo González
Así, aquellos animalitos deboraban sus piernas sin que éste pudiese tan siquiera moverse, desesperado, con el dolor apoderado de sí intentaba gritar pero su voz no acudía, solo sentía el aire caliente, insonoro que salía de su garganta. Cuando aquella mancha de termitas estaba a punto comer sus ojos, Pinocho despertaba de su recurrente oscuro sueño, con estruendoso grito, deseando aún más, ser un niño, de verdad.
San José Puro Cuento vuelve en setiembre
Hace 11 años
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